Escuelas Municipales La colusión ideológica para su extinción. (I parte)

pizarra_2

La educación, no está ajena al mar de confusiones que la sociedad actual vive. La diferencia radica en que lastimosamente pareciera que el tema educacional es portador de este síndrome desde hace mucho tiempo.
La nostálgica educación pública, transformada en educación municipal, ha soportado, quizás no por mucho tiempo más, el asedio sistemático de una colusión ideológica, que conspira desde hace varias décadas para su extinción.
Esta afirmación no es una exageración y se funda en las entrañas mismas de la convicción del sistema neoliberal, y su manera de entender la economía, el mercado y la distribución de la riqueza, ¿qué argumento puede ser más consistente y aclarador que este?
En este mismo sentido ¿por qué no liberar totalmente al estado de la carga que le impone sostener una educación pública, idealmente de calidad y dejar esta tarea para que la resuelva el mercado?
“El ahorro que esta operación significa para el estado, se traduce en cuantiosos recursos”
La educación es el mejor instrumento del que pueden disponer los niños y jóvenes de hogares más modestos, para mejorar sus expectativas, la de sus familias y consiguientemente disminuir los indicadores de pobreza en nuestra sociedad, aumentando la productividad y los ingresos y mejora en la calidad de vida de cada familia cuyos hijos van accediendo a niveles superiores de educación. Lamentablemente, esto en la realidad tiene un precio, algo que toca los intereses de grupos económicos poderosos, estructurados, generalmente con mayor disposición al incremento y conservación de sus bienes, que a sacrificar una parte mínima de ellos por objetivos tan inexplicables y ajenos como es la equidad.
Por eso es que a fines de los años setenta y principios de los ochenta, en pleno auge de la dictadura militar en Chile, sin contrapeso alguno se encajó un efectivo golpe, esta vez a la tradición de la educación pública, con su traspaso gradual y total a la educación municipal, convirtiendo los aportes del estado en un subsidio, para los “colaboradores de la función educativa del estado”, abriendo allí un verdadero desierto florido de iniciativas privadas, que con el transcurso del tiempo terminaron en clanes familiares y/o sociedades que se fueron adueñando de la oferta educativa, con un sentido mercantil, en desmedro de una educación municipal, que fue disminuida, y vilipendiada por los medios de comunicación intencionados por estas nuevas cadenas que formaron un singular retail educativo. Por otro lado la educación municipal se entregó a la administración municipal a través de departamentos municipales de educación o bien a corporaciones de derecho privado de dudosa reputación constitucional, lo que importaba sobre todas las cosas era la disminución del aporte del estado a la educación y la entrega de una “subvención” estatal del mismo valor tanto a los nuevos sostenedores municipales como a los rutilantes sostenedores particulares. Se cumplía de este modo los designios y obligaciones impuestas por banqueros internacionales, que pedían garantías y daban la receta de ahorro de recursos para pagar préstamos y la por entonces abultada deuda externa del país.
La alegría que venía de la mano del régimen político concertacionista que sucedió a la dictadura, hacia fines de los años ochenta, principio de los noventa, y su permanencia en el poder bajo las promesas de “Un gobierno para los nuevos tiempos” ”Para crecer con dignidad” .”Estoy contigo” •Chile de todos” , no hizo mucho por cambiar la realidad educacional en el país, más bien fue complaciente y en el caso de la educación superior se activaron medidas de apoyo a los estudiantes que abrieron créditos con aval del estado, los que a la postre resultaron verdaderos salvavidas de plomo, para jóvenes que al término de sus carreras partían su vida profesional endeudados y por cierto, dejaban a los bancos con suculentas ganancias, por “el favor concedido”.
La quietud y exceso de prudencia en el manejo de la cartera educacional durante sus largos años en el poder por parte de los baluartes del progresismo militantes de la concertación, revelaron con el paso de los años la extraña coincidencia, que el atractivo negocio educativo, había perforado los nobles ideales de muchas familias que formaban parte o eran cercanas a la nueva clase gobernante, y los había transformado en prósperos empresarios del negocio educacional, entretanto inventaron agencias, superintendencias y otros hìbridos para hacer la vieja historia del gatopardo “Que todo cambie para que las cosas sigan igual”

La colusión ideológica, era transversal y una vez más el personaje del poder se engullía al famélico y endeble revolucionario progresista.

0 Comments

Leave a Comment