Maipú; el cambio de su gestión político-administrativa

maipu-cambio-de-gestion

Todo momento, todo tiempo y circunstancia  – como admiten algunos – llega de la forma que estaba  dicha – sin adelantarse  ni atrasarse. – , como nunca vale citar el libro sagrado de los cristianos, la santa biblia que mejor dice esto en el libro de Eclesiastés, 3: 1-8

En la histórica comuna de Maipú, así como aconteció en todo el país, el día 23 de octubre del año 2016,  se realizaron las elecciones municipales de alcaldes y concejales, donde la ciudadanía (o poco menos de un tercio de los habilitados para hacerlo) concurrieron con su voto soberano, secreto  e idealmente informado, para cumplir con esta actividad cívica, tan importante para poco más de 2 de cada 10 maipucinos y maipucinas.

El proceso y sus resultados ya forman parte de la historia político electoral de la comuna

Así como sucedió hace 16 años, casi como recuerdos del pasado, se repitió la imagen de aquel 6 diciembre del año 2000, cuando el alcalde saliente Herman Silva Sanhueza (DC), entregó la banda a Roberto Sepúlveda Hermosilla (UDI).

Esta vez el mismo alcalde saliente de 6 días Herman Silva, pletórico de orgullo  entregó la banda en esta ocasión a una mujer, Cathy Barriga Guerra,(UDI)

La fiesta de la asunción de mando, también se pareció en la forma y en el fondo, porque en el 2000, había como es natural mucha alegría entre los que asumían, uno de cuyos invitados especiales  era Joaquín Lavían Infante, una de las figuras patrimoniales de la derecha más contemporánea.

Los anuncios de fondo, estuvieron por entonces  marcados por la necesidad de auditar, fiscalizar, e incluso desprenderse de vehículos que transportaban a la autoridad por ser de un alto costo, dinero que se decía serviría para obras sociales.

Esta vez 16 años después, la fiesta de  inicio en el Teatro Municipal de Maipú el 6 de diciembre de 2016, tuvo mucha alegría y vítores de los invitados, que en su gran mayoría llegaban a contemplar el juramento de la nueva alcaldesa.

Los anuncios, como era de esperar, junto con indicar el renacer de Maipú, también insistieron en la austeridad, las auditorias, la fiscalización y particularmente en el seguimiento de personas mal contratadas o con alguna situación especial.

Definitivamente, la  elección de octubre 2016, puede ser el hallazgo de una forma nueva de configurar liderazgos políticos sociales, que viene de la mano con la irrupción de  figuras  lejanas de los formatos  de la política tradicional y que pueden asomar desde la izquierda, el centro la derecha, tan legítimamente como podrían descender  desde grupos influyentes y activos de la sociedad local, o desde cualquier parte sin mediar tanta carrera o méritos dentro de la aristocracia política tradicional.

Como han señalado varios de los actuales  concejales/as locales, ojalá que más allá de estas teorías de lo que puede venir, ahora le vaya bien a quién asume, por el “bien de Maipú”.

Entre tanto La derecha, disfruta este tiempo de adviento, instalada en el caserón municipal, para mirar y dirigir los destinos de la comuna, si bien con un apoyo ciudadano frágil producto de una enorme abstención, con una gran expectativa por consolidar un modelo de gestión que como es previsible se asentará en los  anillos de mayor pobreza de la comuna, en sectores populares como ha sido la visión pragmática particularmente de la UDI., y porque  saben bien que los buenos deseos del concejo porque le “vaya bien a Maipú”, abre grandes posibilidades por que le vaya bien a la actual administración, en la peor hora de la oposición representada en la Nueva Mayoría, con directivas de sus  partidos políticos encabezadas por funcionarios  cautivos dentro de la gestión municipal, y sin que después de la elección de octubre, sea posible reconocer liderazgos locales  potentes dentro del diezmado elenco opositor (Nueva Mayoría) capaces de opacar la figura mediática de la nueva alcaldesa, ni mucho menos poner en duda lo que debiera ser su creciente  cercanía y ascendencia sobre la ciudadanía local.

Esta última elección municipal en términos de resultados podría   titularse en Maipú como el inicio de los deshielos de la Nueva Mayoría,  como producto de la propia irresponsabilidad en su cuidado y  autoconservación, al margen de explicaciones presuntuosamente  garbosas señaladas por los derrotados, que ilustran esta pérdida electoral como la épica de un triunfo ético, una homologación freak y enana, poco sustentable y  carente de seriedad.

Convendría mucho más examinar la pasada elección, en la perspectiva del conglomerado opositor, como la suma de desaciertos que precipitaron no tan solo esta caída, sino también la ferocidad poco cristiana con que se enfrentó esta contienda, en la que a pesar de la división se compartía algunos espacios de coincidencia en el electorado, ni siquiera se tuvo la fineza de preservar esta reserva hacia el futuro toda vez que se prefirió de uno y otro frente el infringirse el mayor descrédito y daño posible, no trepidando siquiera en el destemplado uso de las  redes sociales más involucradas con opiniones político contingentes, con todas sus deyecciones y evacuación de obsesiones y sociópatías.

El resultado es claro, y la derrota  sigue huérfana, como si nada.

A solicitud, como remanso navideño, aquí queda lo dicho en Eclesiastés, 3: 1-8:

Hay un tiempo para todo

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

un tiempo para nacer,

y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar,
y un tiempo para cosechar;
un tiempo para matar,
y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir,
y un tiempo para construir;
un tiempo para llorar,
y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,
y un tiempo para saltar de gusto;
 un tiempo para esparcir piedras,
y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse,
y un tiempo para despedirse;
un tiempo para intentar,
y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar,
y un tiempo para desechar;
 un tiempo para rasgar,
y un tiempo para coser;
un tiempo para callar,
y un tiempo para hablar;
 un tiempo para amar,
y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra,
y un tiempo para la paz